lunes, 31 de enero de 2011

Como papeles publicitarios.


Me siento como uno de esos papeles publicitarios que te ofrecen a la salida del instituto con la intención de encaminar al rebaño hacia algún lugar concreto. Uno de esos que atrapas sin si quiera darte cuenta cuando un señor casi te lo mete en las narices en la primera esquina. Le echas un vistazo, lo enrollas, haces un rato el indio con él, y cuando estás cruzando el primer puente hacia casa, lo lanzas hacia las turbias aguas que solo saben acumular mierda. En principio flota, mientras cada partícula de celulosa se empapa lentamente hasta ser mayor el peso que el empuje, para entonces la letras han sido sustituidas por tinta ilegible. Nunca sabes dónde van a parar, pero sabes que se hundirá, porque ,en ese mismo instante ya es tan blando y frágil como para dividirse en dos si chocase contra una ramilla de un chopo cercano.

Ojala alguien se hubiese molestado en hacer un barquito con él antes de lanzarlo a la corriente.

viernes, 14 de enero de 2011

It's got to be bad before it get's good...

¿Será verdad eso de que primero hay que tocar fondo?

http://www.youtube.com/watch?v=rd-nn3Vn3z0

sábado, 4 de diciembre de 2010

¿Por qué...?


¿Para qué todo este sinsentido? ¿Para qué esta vida? ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Por qué vivir haciendo algo que no te apetece? ¿Por qué se valora algo que memorizas y escribes en un papel, hasta el punto de que tu futuro dependa de ello? ¿Por qué casi nadie es feliz? ¿Por qué un niño con una piedra y unos trozos de tela puedes ser más feliz que nosotros cuando es tan frágil como una mariposa? ¿Por qué existe dinero? ¿Por qué tres cuartas partes del mundo se mueren en la absoluta miseria, entre el más angustioso dolor, y a nadie le remuerde la conciencia cada maldito segundo? ¿Por qué somos tan egoístas de ser felices y dependientes de lo material cuando millones de personas sufren por nuestra culpa? ¿Por qué nadie detiene todo esto? ¿Por qué nadie pone algo por su parte? ¿Y por qué nosotros ante una nota media nos decaemos como si el mundo terminara? ¿Por qué podemos seguir con nuestras vidas en nuestro primer mundo ignorando al resto? ¿Por qué la indiferencia? ¿Por qué las guerras? ¿Por qué?¿Por qué?¿Por qué?


Hay tantas preguntas sin respuesta...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Copos de nieve


Estaba en el examen trimestral de lengua, pero ,como de costumbre me dejé distraer de vez en cuando.Me giré un par de veces en busca de su mirada; no estaba. Pensé que estaba tras de mí, dos sitios más atrás , pero cuando un chico se levantó y dejó el aula de exámenes caí en mi error, aunque mantenía la estúpida esperanza de que estuviera allí- cuando, como de costumbre, lo único que había allí era una soñadora: yo-. Me quedé esperando verla, hasta que el final del examen alguien dijo que nevaba:" señal de buena suerte"- bromeó ante el profesor. Sólo quedábamos tres ,y ,ella en realidad nunca había estado allí. Entregué el examen y sonreí, la nieve me producía una felicidad momentánea, a la vez que sentía una extraña libertad por parte de los estudios.
Caminé por el blanco y vacío pasillo charlando alegremente con un compañero,como si todo hubiera sido un sueño, y otro comenzara de nuevo; seguía esperando el sonido de la vibrante alarma que me hiciera despertar de mi sopor. Aún en la callé rebusqué cn mirada por los alerededores esperando ver una silueta conocida, en cambio no había nadie: sólo estaba yo, alzando mi vista hacia el negruzco cielo, con la ilusión de ver algo que nunca había existido, e incapaz de ver allá de los suaves copos de nieve.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Otoño.



Los abrigos, bufandas y gorros se mueven descontrolados por una fuerza invisible , el viento, ese ganador del escondite que recorre las risas de los niños en los parques mientras saltan en los montones de hojas que él mismo ha acumulado ; porque ,aunque le cueste reconocerlo ,le encanta su sonido.
Un escalofrío te atraviesa ,y en ese mismo segundo un montón de pequeñas partículas cargadas con un exceso de dióxido de carbono, luchan por calar cada uno de tus tejidos. Las personas corren a ambos lados de la calle, huyen de la humedad, o buscan un escondite mejor que el del viento, el cual ya ha comenzado a contar: 1, 2, 3... 48,49 y 50. La mitad son sorprendidos por un inmenso nubarrón sobre sus cabezas antes de encontrar refugio. Corren, resbalan, chocan; se vuelven más torpes de lo que ya es el ser humano, y cuando ya han conseguido algo con lo que protegerse salen a la calle desafiantes, esperando que el viento doble su paragüas, para luego echar mil maldiciones, y, de nuevo huir. Huir.

viernes, 22 de octubre de 2010

Y apenas distante de la muerte me siento, infeliz...

Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco,más que la hierba pálida
estoy,y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.


Safo,Antología de la poesía lírica griega

lunes, 11 de octubre de 2010

Despedidas


Me encantaban sus viejos ojos azules clavándose en mí. El sonido que hacía al sorber los condimentos de la ensalada ya terminada.
Me encantaba sentarme en el sofá y ver que bajo él escondía miles de libros de indios y vaqueros. Pasar sus páginas amarillas y oler que decenas de años habían deslizado sus dedos por cada hoja. Me encantaba ver cómo se cambiaba de gafas para leer.
Me encantaba ver los simpsons con él y reír a su misma vez. Que cambiara de canal la televisión sólo para hacerme rabiar. Que me picara continuamente ,y ,me encanta también enfadarme por ello.
Me encantaba esperarle a que llegara del bar de jugar la partida impaciente. Y después regar con él las flores que adornaban nuestra calle. El olor a humedad en pleno mes de agosto, y los caracoles resbalando por las plantas.
Me encantaba su manera de silbar para llamar al gato y acariciarlo, apacible en su regazo.
Me encantaba bajar a comprar pan o ir al colegio agarrada de su mano, y que nunca me dejase caer. Me encantaban sus grandes y secas manos.
Me encanta sentarme con él a la sombra mientras esperábamos a la hora de la comida, y verle tallar madera con su vieja y oxidada navaja.
Me encantaba pasear con él, y que me enseñara los campos. Que me enseñara a aprender a andar en bicicleta.
Me encantaba bajar en coche a la huerta y saltar con cada bache del camino . Sentarme al lado del río a comer una manzana que me había pelado. O aquellas ciruelas recién cortadas que me tendía en sus manos.
Me encantaba subir al castillo con él y que me contara la historia de aquella reina. Me encantaba escucharle. Tararear sin sentido. Sonreír.
Me encantaban esa cantidad de viejas viseras y linternas escondidas tras la puerta de la vieja casa del pueblo. Pasar los veranos allí rodeada de la tranquilidad de la que gozan los niños.
Me encantaba dormir en el sofá cama del salón mientras me dormía viendo la televisión.El invierno en aquella casa. Y jugar al bingo con él, pero aún más al parchís.
Me encantaba verle a la salida del colegio entre aquel montón de padres.
Me encantaba que me obligara a comer. Me encantaba que dijera "el parte" en vez "el telediario".
Me encantaba su tranquilo carácter.
Me encantaba ir al parque con él, o la cabalgata e reyes.
Me encantaba estar con mi abuelo.

Pero por el contrario odiaba toda y cada una de esas pastillas que tomaba, odiaba ese catarro interminable,odiaba el último verano que se pasó es aquella maldita cama.
Odiaba verle palidecer, envejecer y adelgazar en un año todo lo que no había hecho en todos los anteriores.
Odiaba oírle toser, y sonarse con un pañuelo de tela.
Odiaba aquel autobús, esa especie de castillo del que nadie retornaba, y ese maldito color blanco.
Odiaba esa habitación que parecía tan malditamente cómoda, odiaba todas esas máquinas que le rodeaban, odiaba el suero intravenoso en su mano, y odiaba el asqueroso puré que le obligaban a comer.
Odiaba la televisión del techo, y las flores que unos cuantos hipócritas le habían dejado allí para aparentar amor.
Odiaba tener que mirar por esa ventana deseando largarme de allí, y aún más odiaba ver que alrededor sólo había ambulancias y un montón de pinos.
Odiaba ese lugar, y su olor a desinfectante.
Odiaba los horarios de visita, y odiaba la primera y última visita que hice a ese desdichado lugar.
Odiaba tener que irme sabiendo que no volvería a verle.
Y al igual que él, odiaba las despedidas.

-"No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo" (El guardián entre el centeno)