
Remolinos de gente abarrotan las calles,
indiferentes ,o ausentes,
los únicos que cuentan son los presentes.
Aviones surcan el cielo,
se dejan guiar por la estela a su paso,
pero todo es perecedero.
Las nubes regresan,
las miradas se dirigen al suelo,
otras, se alzan con recelo,
persiguen sus sueños.
Muchos no parecen comprender,
que bajo dicho asfalto,
no hay nada que entender,
tan sólo hay llanto.
Ideales enterrados,
que miles de puñales
quisieron ver desangrados.
Ahora, resucitan,
no tienen voz, sólo gozan de alma.
Almas que palpitan.
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