sábado, 4 de diciembre de 2010

¿Por qué...?


¿Para qué todo este sinsentido? ¿Para qué esta vida? ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Por qué vivir haciendo algo que no te apetece? ¿Por qué se valora algo que memorizas y escribes en un papel, hasta el punto de que tu futuro dependa de ello? ¿Por qué casi nadie es feliz? ¿Por qué un niño con una piedra y unos trozos de tela puedes ser más feliz que nosotros cuando es tan frágil como una mariposa? ¿Por qué existe dinero? ¿Por qué tres cuartas partes del mundo se mueren en la absoluta miseria, entre el más angustioso dolor, y a nadie le remuerde la conciencia cada maldito segundo? ¿Por qué somos tan egoístas de ser felices y dependientes de lo material cuando millones de personas sufren por nuestra culpa? ¿Por qué nadie detiene todo esto? ¿Por qué nadie pone algo por su parte? ¿Y por qué nosotros ante una nota media nos decaemos como si el mundo terminara? ¿Por qué podemos seguir con nuestras vidas en nuestro primer mundo ignorando al resto? ¿Por qué la indiferencia? ¿Por qué las guerras? ¿Por qué?¿Por qué?¿Por qué?


Hay tantas preguntas sin respuesta...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Copos de nieve


Estaba en el examen trimestral de lengua, pero ,como de costumbre me dejé distraer de vez en cuando.Me giré un par de veces en busca de su mirada; no estaba. Pensé que estaba tras de mí, dos sitios más atrás , pero cuando un chico se levantó y dejó el aula de exámenes caí en mi error, aunque mantenía la estúpida esperanza de que estuviera allí- cuando, como de costumbre, lo único que había allí era una soñadora: yo-. Me quedé esperando verla, hasta que el final del examen alguien dijo que nevaba:" señal de buena suerte"- bromeó ante el profesor. Sólo quedábamos tres ,y ,ella en realidad nunca había estado allí. Entregué el examen y sonreí, la nieve me producía una felicidad momentánea, a la vez que sentía una extraña libertad por parte de los estudios.
Caminé por el blanco y vacío pasillo charlando alegremente con un compañero,como si todo hubiera sido un sueño, y otro comenzara de nuevo; seguía esperando el sonido de la vibrante alarma que me hiciera despertar de mi sopor. Aún en la callé rebusqué cn mirada por los alerededores esperando ver una silueta conocida, en cambio no había nadie: sólo estaba yo, alzando mi vista hacia el negruzco cielo, con la ilusión de ver algo que nunca había existido, e incapaz de ver allá de los suaves copos de nieve.