viernes, 18 de junio de 2010

El club de los poetas muertos


-"Carpe diem” «aprovecha el momento».

-“Me interné en los bosques porque quería vivir intensamente; quería ‘sacarle el jugo’ a la vida. Desterrar todo lo que no fuese vida, para así, no descubrir en el instante de mi muerte que no había vivido”.

-“La verdad es como una manta que siempre te deja los pies fríos. La estiras, la extiendes y nunca es suficiente. La sacudes, le das patadas, pero no llega a cubrirnos. Y desde que llegamos llorando hasta que nos vamos muriendo sólo nos cubre la cara, mientras gemimos, lloramos y gritamos”.

-“El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente; sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro; y examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida”.

-“Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así; y siempre así será”.

-"No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (...). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería... son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos".

jueves, 17 de junio de 2010

Guerra


Tras la decrépita ventana tan sólo consigo atisbar el marchito campo canoso ,cubierto por las lívidas cenizas bajo las que se esconde la verdad; que incapaces de ocultar el dolor, dejan a la vista miles de cadáveres tendidos en el calcinado asfalto.Ahora, sus almas vagan bajo el bermellón del cielo, en su intento por abrirse camino entre las lóbregas nubes ,cuyo resultado ha sido el hedor a muerte.¿Acaso alguien esperaba más de una guerra?

viernes, 21 de mayo de 2010

Todos - Bárbara Alpuente


Aquí dejo un texto que leí en una revista , da que pensar...

Mi barrio es una letrina gigante. Un contenedor de aburrimientos vitales y ansiedad etílica en el que los asistentes vomitan, mean, escupen y chillan, para unas horas después, volver semiinconscientes a la tranquilidad e higiene de sus hogares. Los tapones para los oídos son, junto al pelador, el mejor invento de la humanidad, aunque en noches como esta no me sirvan para nada. Retumban en mi cráneo los graves monótonos y alienantes de la música sintética. Escucho los gritos asustados de los testigos de una pelea. Un coche de policía llega demasiado tarde. O demasiado pronto para el próximo incidente. Una ambulancia recoge a un joven ensangrentado que no recuerda cómo ha llegado a abrirse la cabeza. Me da incluso por pensar que quizá viniera así de casa.

Una chica se arranca por bulerías frente a mi balcón. Tengo sueño y la espontánea carece de talento. Quiero matarla. Canalizo mi violencia encendiendo la televisión, que parece programada exactamente para eso. Me decanto por La Noche temática que, casualmente, hoy se titula Muerte súbita. La histeria se dispara con sus matices agudos, impregnando la madrugada de hormonas desatadas. Me fumo un cigarro en el balcón y observo el horizonte velado por el botellón. Me ha salido un pareado sin haberlo preparado. Llueve sobre la capa impermeable del exceso. Las gotas no disuaden a las decenas de personas que se congregan para arrastrar su adolescencia por las esquinas. Dos chicas lloran abrazadas con un brick en la mano. Preveo resacas terminales.

Una ráfaga ácida e intensa que asciende desde el mingitorio oficial en el que se ha convertido mi calle, me obliga a enclaustrarme de nuevo en el salón. Un tal José llama a un tal Germán para decirle que es un soso por no unirse a la fiesta. “¿qué haces en la cama, tío? ¡Si no son ni las cuatro!” Dan las cuatro y a mí me gustaría poder dormir. El tal José me diría que soy una sosa. No tendría intención de contradecirle. Lo soy. Una chica comenta a sus compañeras que lleva dos días bebiendo sin parar. Entra en el bucle y lo repite lo menos seis veces en el tramo que recorre desde mi calle hasta la plaza. El gesto desencajado y la torpeza de sus frágiles movimientos, indican, tristemente, que no miente. Son las cinco de la mañana. Unos 20 jóvenes cantan a todo pulmón cumpleaños feliz. Pero la cosa no acaba ahí, luego siguen con Es un muchacho excelente. Rezo para que no empalmen con feliz en tu día. El excelente muchacho despide la jornada con un humillante strip-tease.

Comento al día siguiente la situación con otros vecinos. Concluimos que la juventud está muy mal, que viven en la inercia, en el desaliento, en la desidia biológica provocada por la falta de responsabilidad con sus propias vidas. Y juzgamos con el cinismo del que habla de la sociedad en tercera persona, como si la cosa no fuera con él. Como si se tratara de una mole informe sin caras ni latidos. Convertimos a los jóvenes en un monstruoso ente que sólo aparece para robarnos unas horas de sueño y ensuciar nuestras aceras. Pues, sinceramente, cuando el desquicie anímico roza el límite hasta este punto, algo debemos de estar haciendo mal. Todos.


Bárbara Alpuente

jueves, 6 de mayo de 2010

Lluvia


Una semana despejada parecía que fuera a ir acompañada de sol, calor y buenos momentos, de hecho incluso las flores del prado de en frente del instituto se habían hecho sitio de forma inexplicable en cada rincón de césped. Podías tumbarte, tomar el sol, oler el verano, y buscar formas en las nubes como cualquier niño haría. Nadie se esperaba menos del viernes, de hecho nos habíamos acostumbrado tanto al buen tiempo, que tan sólo sabíamos esperar risas.

Quisimos ignorar el cielo grisáceo y pálido; el sol intentado ocultarse, temeroso al dolor; y como si fuera uno de esos días de verano que tanto se añoran, salimos de casa con una chaqueta encima.

Algunas minúsculas gotas dieron contra mí, pero no les di importancia, como se hace con todo lo que parece no tenerla. Más tarde, mientras seguíamos involucradas en un sueño que no era real, comenzaron a sucederse con rapidez: “sólo es un poco de lluvia primaveral” pensamos. Los truenos y los relámpagos se abrieron paso, la fina lluvia pasó a ser agua torrencial, y el suelo empedrado quedó encharcado mientras terminábamos un helado.

No sé por qué, ni tampoco me interesa, hay cosas a las que no hay que buscarlas sentido.Decidimos correr bajo la lluvia en aquella plaza frente a la catedral, bajo la mirada de decenas de persona refugiadas en los soportales, que luchaban por esquivar toda humedad, mientras nosotras desafiábamos a la naturaleza bajo miles de gotas de agua y danzábamos de un lado para otro, riendo empapadas.

Todo daba igual hasta que algo llamado realidad o granizo te golpea, de nuevo nos refugiamos, no queríamos más dolor. Volvimos cuando el chaparrón regresó más implacable, mientras saltábamos en cada charco, dejando que nuestra ropa se impregnara por completo de aquel llanto que acabó por desaparecer.

La lluvia se detuvo, y los papeles se invirtieron; todo se volvió más gris sin ella, la cual hacía que vieras todo a través de un cristal empañado, sin querer hacer caso a la verdad.

Caminamos por las calles mojadas, y con el fin de darle un nuevo toque al ambiente decidimos arremeter contra cada charco intentando invocar a la tormenta, que hizo caso omiso a nuestras súplicas, dejándonos abandonadas a nuestra suerte, chorreando tristeza

domingo, 25 de abril de 2010

Un día en el parque de atracciones


La noche coronaba el oscuro cielo de una mañana que sería el principio del día.El sol anaranjado escalaba entre las montañas, y cuando hubo llegado arriba una niebla inmensa nos inundó. Todo era gris y opaco, no se podían ver los tristes campos vacíos que delimitaban la carretera; las gotas del vapor se deslizaban por los cristales como si estuvieran llorando ,el sol parecía haberse trasformado en luna, era demasiado blanco y pequeño. Luego todo regresó, aunque con un toque grisáceo.





Allí abajo en la tierra, el suelo aún parecía tener vida.


El miedo fue sólo el principio de una gran diversión.


Todo sucedía tan rápido que no te dabas cuenta si quiera, cuando acaba en un minuto, estabas abajo haciendo eses y queriendo ver como el cielo y el suelo giraban sin parar, mezclándose y fusionándose, creyéndote capaz de volar al cerrar tus ojos. Era como estar ajeno a la realidad; estar pero sin estar. La mente se vaciaba y por unos minutos dejabas de pensar en todo aquello que rondaba tu cabeza segundos antes; no podías, había demasiados giros, velocidad, y emociones.


Las montañas rusas cesaron, había que volver a casa, y la sensación de retorcerte en el aire disminuyó hasta desaparecer.El atardecer regresó con sus nubes blancas desentonando, en las que buscar formas sobre el cielo rojo, lila y azul celeste. Los descampados, las casas y las industrias recortaban los escasos rayos de sol. Luego llegó la oscuridad adornada por el fulgor de las estrellas, que parecían estar colgadas por un simple hilo como si se tratasen de las bolas de un árbol de navidad,y la luna oculta entre las nubes que acompañaría a nuestros sueños.

lunes, 12 de abril de 2010

El atardecer entre los cerezos japoneses


La primavera se entremezclaba con el invierno y el verano, como si cada estación estuviera presente, la brisa invernal junto con los veraniegos rayos del sol me recuerdan los eternos días veraniegos.

El sol crepuscular ilumina aquel parque repleto de almas vivas que sin prisa pero sin pausa nos abandonan marchando hacia otro lugar, como si su energía se agotara a la vez que el día termina, como si fueran nómadas, o como si la oscuridad de la noche les atemorizara tanto como a mí, cuando en realidad el cielo estrellado y la luna son el mejor espectáculo que nadie podría imaginar.

El silencio inunda nuestra atmósfera interrumpido por el trino de los pájaros. Dejo caer mi cabeza hacia atrás, y puedo ver la carretera, recortada por unos edificios bastante lejanos y las copas de los árboles surgiendo desde lo más alto, intentado asimilarse a aquellos rascacielos que con el paso del tiempo acaparan sus puestos en este planeta industrializado.

La noche comienza a entrar, me gustaría quedarme allí tendida contando estrellas fugaces y pidiendo deseos al viento, pero una voz ajena me indica que el mundo real sigue allí, y que es hora de volver a casa.

Las dulces flores de los cerezos japoneses crean un pasaje que podría llevar hacia la felicidad, hacia una utopía, pero al final del camino no encuentro sino una plaza recorrida por viejas almas que vagan de camino a casa, cansadas.

Ahora el sol se ha ido, y la noche hace su aparición, las farolas están encendidas aunque haya luz suficiente para caminar, pero el rojizo fulgor ha dado paso a ese azul penetrante y amenazador.

Ahora recuerdo por qué me fascinan tanto esas nubes desdibujadas sobre el amanecer que observo de vez en cuando de camino a clase, me recuerdan esos cerezos mágicos sobre los cuales miles de ojos ocultos entre sus flores nos observaban sin ser conscientes de su presencia.

"Si no crees en algo nunca serás capaz de apreciarlo,tan sólo vemos aquello que queremos, incapaces de ver más allá".

jueves, 8 de abril de 2010

La bebida distorsiona la realidad


Nunca me gustó beber, pero siempre hay una primera vez para todo.

-"Una cerveza"- dije atrevidamente al estar en el país de dicha bebida, la cual se considera la mejor.

Comencé sentir ganas de reír sin sentido alguno, y a la vez era como estar en el mundo pero sin estar, mi cabeza se sostenía sobre el cuello por arte de magia, y a veces hablaba más de lo que debía aunque podía controlarme, al fin y al cabo sólo fue una jarra de cerveza .

Me reía de cosas que no tenían gracia, y mis pasos se balanceaban sobre la acera oscura y abarrotada de personas con las cuales emprendí el viaje.

Nunca me gustó la bebida, siempre tuve miedo de perder el control, de hablar más de lo necesario sobre mí, de todo aquello que no muestro. Miedo de acabar en una camilla observando tendida boca arriba todas esas luces distorsionadas acompañadas del aquel estridente ruido, que cientos de adolescentes escuchan los fines de semana.

Pero esta vez la bebida hizo un efecto diferente, me sentía feliz sin ninguna razón.

Cuando el efecto de alegría pasó todo volvió a la realidad, dejé de un lado la distorsión .Echadas en una cama hablando sobre nosotras tres, comenzó la llamada segunda fase de una borrachera, la depresión.

Sentía ganas de llorar, pero a diferencia de la anterior vez, esta vez si que había razón por la que llorar, bueno razones, porque encontraba tantas en ese instante que no podía llorar por todas.

Acabé por volver a mi habitación con mi compañera, y dejar de lado todo aquello y dormir.

-"Mañana será otro día"- pensé antes de que mi mente sucumbiera a distorsionarse de nuevo, pero esta vez junto con el subconsciente.