domingo, 7 de marzo de 2010

¿A dónde van las lágrimas?, ¿de dónde viene la lluvia?


Ahora las nubes parecen formar parte del cielo, se han adaptado tan bien a él … Es como si nunca antes hubiera existido un azul celeste allí arriba vigilando cada uno de nuestros movimientos diurnos ,y aparentado ser otro durante la cautiva noche ; ahora es como si siempre hubiera sido gris.

Me gusta ese tono, me adapto a él, y parezco no darme cuenta de que no es el tono que le corresponde en realidad, pero es el que más se relaciona con mi compañera de lloros, la lluvia.

Recorro el pasillo dotado de cierta elegancia a partir de unos azulejos beiges que desentonan con el aspecto antiguo del espejo que refleja mi mirada perdida junto a dos tristes maceteros que piden a gritos con unas flores; no artificiales, sino unas que posean la vida de la que ellos carecen..

Me encamino descendiendo la rampa, percibo el tacto de mis zapatillas contra las baldosas de cemento, similar a una intensa caricia, aunque quizás lo que provoque esta sensación sea su sonido audible en cada paso.

Abro la puerta decidida y una bocanada de aire me conmueve por dentro.

Desde aquí abajo, cuando alzas la vista hacia el cielo pálido todo parece tan tétrico, y lo extraño de ello es que me gusta, me gusta mirar al cielo y ver que las grisáceas y vaporosas nubes se condensan hasta dejar caer sus primeras gotas de lluvia.

Me gusta caminar bajo la lluvia sin paraguas con la simple protección de un abrigo y su capucha y sentir como cada gota resbala sobre su superficie hasta que alguna, intrépida y atrevida, consigue precipitarse y posarse en tu cara .Es entonces cuando podrías llorar sin que nadie pudiera intuirlo si quiera ,ya que a la gente le preocupan hoy en día más los lloros del cielo en su forma física y material .El ponerse bajo la protección de las lágrimas, que paso a paso traspasan las ropas de los más desafortunados, y se cuelan entre las diminutas rendijas de cada tela hasta llegar a la piel por la cual se deslizan hasta desaparecer desintegrándose. Rindiéndose en su intento de transmitir su dolor a cada persona, pretendiendo cambiar nuestros planes inespecíficos de expirar con el Planeta, porque ya no sirve de nada, la gente ya no se preocupa por la razón de las lágrimas, sólo quieren evitarlas a toda causa, cueste lo que cueste.

El mundo está llorando y nadie quiere enterarse.

Si miráramos a través de cada una de esas gotas de lluvia que pasan unas milésimas de segundo ante nuestros ojos, podríamos ver el color del dolor, del sufrimiento, del odio, incluso del amor. De todo eso que nos hace derramar saladas lágrimas, cuya sal es absorbida por la señora realidad , que tras esto almacena pequeñas tacitas de té que deja derramar lentamente sobre las mullidas nubes,encargadas de racionalizar este líquido sobre nuestras cabezas sin que seamos capaces de ser conscientes de dónde provienen y a dónde irán a parar.

Porque, ¿a quién le gusta el dolor cuando es más fácil engañarse?

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